Fundación de la Comunidad de los Siervos de Cristo Vivo

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El 14 de junio de 1973, el padre Tardif, enfermó de tuberculosis pulmonar y fue trasladado a Québec, Canadá, junto a su familia. Entró al hospital Laval, donde los médicos le dijeron que tal vez con un año de tratamiento iba a poder regresar a su casa. En el curso del mes de julio, fueron a orar por él cinco seglares de la Renovación Carismática. Y el Señor lo sanó totalmente sin ningún tratamiento. Regresó a su casa lleno de alegría y de acción de gracias. Comenzó a dar testimonio en los grupos de oración de la Renovación en Québec. Recibió el bautismo en el Espíritu Santo el día 24 de septiembre del mismo año, fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes. Iniciando así su aventura en la Renovación Carismática.

Regresó a Santo Domingo, en julio de 1974, y fue destinado por su Superior a la parroquia de Nuestra Señora de la Altagracia, en Nagua. Y allí empezó a trabajar en la línea de la Renovación Carismática. Comenzó algunos grupos de oración, y meses más tarde iniciaron los retiros carismáticos en la parroquia y, poco a poco, en las parroquias vecinas, atendiendo a las invitaciones de muchos párrocos.

Algunos seglares de la parroquia ayudaron en la predicación de dichos retiros, inicialmente con sus testimonios, y luego, con enseñanzas que iban preparando para cooperar en ese trabajo de evangelización.

En los meses siguientes, se organizó un grupo de doce personas que ayudaban a predicar retiros, formando equipos de tres o cuatro personas junto al padre Tardif. A esas doce personas comprometidas en la predicación le llamaron LOS AMIGOS DE JESUS. Con los doce, cada lunes por la noche, el padre Tardif se reunía delante del Santísimo, en la iglesia parroquial, pidiendo al Corazón de Jesús, bendecir su apostolado y le llenase de su Santo Espíritu. Y junto con la hora de oración, les daba una enseñanza como preparación para su misión de predicación de la Palabra de Dios. Esto puede considerarse como la primera semilla del proyecto de formar una Comunidad Carismática dedicada a la evangelización.

En 1977, el padre Tardif fue invitado a participar en el ECCLA V en Caracas, Venezuela. Junto a la señora María Armenteros y Evaristo Guzmán fue invitado a llevar el ministerio de sanación en el Congreso. Era la primera vez que el Señor los juntaba en equipo y cuan bendecidos fueron por El en ese ministerio.

Meses más tarde, en agosto del 1977, fueron invitados los tres a predicar a los latinos, en el Congreso Carísmático Ecuménico de Kansas City. Para este equipo, fue el comienzo de su ministerio de evangelización. En el citado congreso, el Señor les había abierto la puerta y empezaron a recibir invitaciones de muchos países de América Latina.

Luego se les unió la esposa de Evaristo Guzmán, la señora Yolanda. Y los retiros se multiplicaron durante los meses siguientes. Fue a través de ese trabajo de evangelización que nació en el corazón de los integrantes del equipo el deseo de fundar una comunidad carismática para seguir ese apostolado con mayor fuerza. Estando predicando en un retiro en Ecuador, después de haber visitado la hermosa iglesia de los Jesuitas en Quito, fue recibido en profecía, el nombre de la comunidad que soñaban fundar. Se llamaría “Los Siervos de Cristo Vivo”.

Después de mucha oración, mucho diálogo, y luego de haber visto que en otros países el Señor hacía nacer comunidades carismáticas, decidieron reunirse en un retiro de tres días en Samaná, orando sobre el proyecto de fundar la comunidad de evangelización y planificar, poco a poco, lo que el Señor les ponía en el corazón. Este retiro, podría decirse, fue el comienzo de la Comunidad Siervos de Cristo Vivo.

Fueron ocho personas las que participaron en el retiro: María Armenteros, Evaristo Guzmán, Yolanda de Guzmán, John Fleury, Nidia de Fleury, Ana María (Pura) Deogracia, Emenegilda Almánzar y el padre Emiliano Tardif.

En dicho retiro, el padre Tardif, recibió la siguiente profecía: “EL QUE MUCHO AMA ES CAPAZ DE HACER GRANDES SACRIFICIOS POR EL AMADO”.
Esto vino en respuesta a la ansiedad de la víspera, en virtud del gran compromiso que asumirían, sumado al arduo y numeroso trabajo que ya tenían con los retiros en distintos lugares de la República Dominicana y otros países. Esa alentadora palabra, de parte de Dios, fue colocada al principio de los estatutos de la naciente Comunidad Siervos de Cristo Vivo, la cual nació el 28 de noviembre de 1982, comenzando con ocho personas, y que hoy está presente con un número considerable de miembros, en la República Dominicana, Italia, Estados Unidos, Colombia, España y Cuba, luego de haber sido aprobada como Asociación de Fieles por su Eminencia Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo.

La Comunidad Siervos de Cristo Vivo, con más de dieciocho casas en los seis países citados, se siente hija de este “buen papá” que fue el padre Emiliano. En el compartir diario con él, los que estuvieron el privilegio de tenerle cerca, pudieron ir descubriendo el rostro amable y misericordioso de Dios.

Sin duda, el amor a Dios y a los hermanos, fue el fruto maduro de su relación diaria a través de la oración, que para él fue un verdadero intercambio de amores.

Y es que el que se sienta a los pies del Amado para contemplarlo, para escucharlo, para aprender de El, poco a poco se va contagiando con los sentimientos de su Divino Corazón y ya no puede ser el mismo. En este maravilloso intercambio, el alma da a Dios la pobreza de su humanidad y a cambio recibe toda la riqueza del corazón de Dios, su misma entraña de amor, Su Espíritu Santo.

El padre Tardif repetía que todo aquel que tomara tiempo para estar delante del Santísimo, no podía quedar siendo la misma persona. La Presencia Real de Jesús, Vivo y Resucitado en la Hostia Santa, va transformando poco a poco a todo aquel que se sienta a sus pies.

“Si algún día abandonan la adoración al Santísimo, su comunidad comenzará a desmoronarse”, ha sido una frase que como un legado del padre Tardif, ha quedado entre los miembros de la Comunidad.

El padre Emiliano tuvo gran devoción al Santísimo Sacramento. Era algo habitual pasar largos ratos en la Capilla de Adoración en la Casa de la Anunciación o en las diferentes casas de la Comunidad.

Su fe en la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía lo llevaba a hacer generalmente la oración por los enfermos después de la comunión o delante de Jesús Sacramentado. Muchos fueron los testigos de que los frutos de la respuesta del Señor a la oración eran patentes.

Texto extraído del Libro: "Un Hombre de Dios" (Por María A. Sangiovanni).