Misionero del Sagrado Corazón

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No es posible entender al padre Emiliano sin entender que era un “hijo” del padre Julio Chevalier quien –en 1854, en Francia- fundó los “Misioneros del Sagrado Corazón”.  El padre volvía una y otra vez a la fuente:  los escritos de su fundador.  En ocasiones citaba: “Cuando Dios quiere una obra, los obstáculos son medios”.

Los misioneros tienen fama de ser “buena gente”, rápidos con un chiste y lentos para una crítica.  Una característica que está reflejada en sus Estatutos: “El nuestro es un espíritu de familia y de fraternidad, hecho de bondad y comprensión, de compasión y perdón mutuo, de delicadeza, humildad y sencillez, de hospitalidad y sentido del humor” (Estatutos MSC # 32).

El padre Tardif solía contar cómo sintió el llamado que el Señor le hizo a ser misionero.  En ese entonces, tenía doce años,  cuando escuchó, en la Parroquia a la que asistía junto a su familia, a un sacerdote dominico que se despedía de la comunidad porque partía para las misiones del Japón. El ardor misionero del joven sacerdote tocó lo más íntimo del corazón de aquel niño que escuchaba, y lo hizo arder en anhelos de algún día poder él también ser misionero.  “Yo pensé –decía el padre Emiliano- que me gustaría hacer lo mismo que ese sacerdote”.


Un año después, teniendo sólo trece años de edad, fue recibido en Québec, en un Seminario de los Misioneros del Sagrado Corazón, fundado en el 1990, donde vivía su hermano Armando, también religioso.

Allí cursó desde el 1941 hasta el 1948 sus estudios de primaria y secundaria, siendo recibido el 8 de septiembre de 1948 en el noviciado con nueve compañeros más.

Después de su año de noviciado en Sainte Clothilde recibió su formación filosófica en la casa de estudios que su Congregación tenía en Watertown, al norte del Estado de New York”.


El 3 de julio de 1952 el joven religioso M.S.C. Emiliano Tardif escribió esta carta a su Superior Provincial:

"Deseo sinceramente consagrarme a Dios en la Congregación de Los Misioneros del Sagrado Corazón para servirlo como religioso y como sacerdote. Después de pedir las luces del Espíritu Santo y, después de haberlo reflexionado mucho, yo le pido, Reverendo Padre, la admisión a los votos perpetuos. Mi confesor me anima a seguir la vocación de Misionero del Sagrado Corazón, ese es mi más vivo deseo".


Hizo su profesión perpetua el 8 de septiembre de 1952. Durante sus estudios de teología residió en la casa más antigua de la Congregación en América, a la sombra del santuario de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en la zona colonial de la ciudad de Québec. Al finalizar el tercer año de teología fue ordenado sacerdote en la parroquia donde vivía su familia, Rapide Danseur del Abitibi y fue ordenado sacerdote por manos de Monseñor Desmarais, Obispo de Amos, el 24 de junio de 1955.

Ordenado ya sacerdote y haciendo su último año de teología, el P. Emiliano estuvo pensando en su futuro ministerio y el 8 de diciembre de 1955 le escribió de nuevo a su superior provincial:

"La historia de los orígenes de nuestra Congregación nos dice que esta fiesta de la Inmaculada Concepción es un día muy favorable para obtener un gran favor de Dios. A mí me parece que es la ocasión favorable para pedir algo a Usted que para mí es el representante de Dios. Yo sería feliz de ir a ejercer mi apostolado misionero a Santo Domingo o en otras partes... La razón de mi preferencia es la gran pobreza de la gente, privada de los sacramentos y también porque me parece que en el apostolado misionero yo podría hacer fructificar mejor los pocos talentos que Dios me ha dado... Yo confío esta petición a Nuestra Señora del Sagrado Corazón".

El P. Emiliano recibió una respuesta positiva y llegó a la República Dominicana el 16 de septiembre de 1956.

De 1956 a 1963 fue profesor del Seminario Misionero de San José de Las Matas y colaboraba en la Parroquia. Dirigió la revista Amigo del Hogar desde 1959 hasta 1969. Renovó la Revista y promovió la imprenta que hoy se conoce como Amigo del Hogar. Como Director de la revista le tocó tomar decisiones atrevidas como aquella de publicar un número durante la guerra civil, sobre el asesinato por las "fuerzas del orden" del P. Arturo Mackinnon, en Monte Plata. Siendo Director de la revista Amigo del Hogar en Santiago, se involucró de lleno en la Pastoral diocesana organizando la famosa Campaña del Rosario en Familia del P. Peyton, participando en los Cursillos de Cristiandad y en el Movimiento Familiar Cristiano.

El P. Emiliano fue un religioso muy querido y valorado en su grupo desde sus años de estudiante por su capacidad de iniciativa y por su celo apostólico. Fue Superior de la Congregación en nuestro país desde 1966 hasta 1973 cuando tuvo que renunciar debido a su enfermedad pulmonar. Durante su mandato llevó adelante grandes proyectos de su Congregación como fue el Centro Vocacional de Licey, el Centro de Promoción de Nagua, la residencia de Los Prados en Santo Domingo. Durante este tiempo fue también Presidente de la Conferencia Dominicana de Religiosos (CONDOR), con todo lo que esto suponía de coraje y osadía para enfrentar situaciones conflictivas propias de aquellos tiempos.

Y es que el padre Emiliano siempre tuvo corazón de misionero y siguiendo el carisma de su Congregación, fue un incansable propagador de la Devoción al Sagrado Corazón, que no es otra cosa que la devoción a toda la Persona de Amor que es Jesús.

Los Misioneros del Sagrado Corazón han escuchado el constante grito de amor que Dios nos hace a todos los hombres para que nosotros lo amemos a El como nos ama a nosotros, y para que así todos, escuchando ese grito de Amor de Dios, nos volvamos a El para amarle.

La Devoción al Corazón de Jesús implica una devoción a todas las facetas del Amor de Dios; amor gratuito, amor misericordioso, amor fidelísimo, amor perdonador, amor providencial.  También implica aceptarlo en la propia vida y ser canal del mismo para los demás, como respuesta al amor que se nos ha dado.

La Devoción al Corazón de Jesús es un llamado a que nuestro amor sea como el de Jesús.  En la práctica, esta devoción consiste en devolver amor por amor y viviéndola, produce grandes frutos de santidad y apostolado en las almas.

Estar dedicado y consagrado al Sagrado Corazón quiere decir estar abierto a que El imprima su personalidad en nuestras vidas.  También significa responderle amorosamente en la medida que lo vamos experimentando y vamos aceptando su Mensaje y su vida para incorporarla a la nuestra.

Muchos de los que tuvieron la oportunidad de compartir la vida comunitaria con el padre Emiliano, se contagiaron por su profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús, y junto a los Misioneros, el anhelo de sus corazones es que “en todas partes sea amado el Sagrado Corazón de Jesús”.

En su labor misionera, esta experiencia produjo verdaderos frutos.  El padre Tardif tenía un auténtico e incansable celo por la salvación de las almas; no escatimaba el tiempo para responder al llamado que cualquier persona le hacía para atender, visitar, y auxiliar a quien lo necesitara.

En muchas ocasiones, a pesar del cansancio extremo, respondía con una sonrisa o con una oración y con calmada voz cuando alguien le requería.


Texto extraído de los Libros: "El Padre Emiliano nos escribe" (por John Fleury) y "Un Hombre de Dios" (por María A. Sangiovanni).