Testimonio del Padre Emiliano

P.EMILIANO(Octubre, 1991)
Jesús sanó a un sordomudo
y un hombre fue a dar testimonio


Durante el verano pasado, en julio y agosto, prediqué en dieciséis ciudades de Italia.  Fue un verano un poco duro, con una temperatura muy caliente, en particular durante el mes de agosto.  Pero el Señor manifestó su gloria en muchos retiros durante aquellas semanas.

Palermo

Después del retiro en el estadio de Palermo, donde se habían reunido unas treinta mil personas durante tres tardes, en un ambiente de fe admirable, hemos podido escuchar unos veinticinco testimonios, bien seleccionados y muy alentadores para los enfermos.  Y después de ese encuentro, un gran periódico de la ciudad publicó un artículo cuyo título decía en letras grandes:"VEINTICINCO CURACIONES EN EL ESTADIO DE PALERMO", y ese artículo llevaba como subtítulo: "TODAVIA LA IGLESIA NO HA DICHO NADA".

Caltanissetta
Al otro día, yo predicaba en otra ciudad, en Caltanissetta, donde nuestra Comunidad tiene una casa llamada también "Casa de la Anunciación" (Casa dell' Annunciazione).  Ya tiene dieciséis miembros que viven el mismo ideal que nosotros como Siervos de Cristo Vivo.  La reunión de Caltanissetta fue la primera reunión masiva que prepararon como Comunidad. ¡Fue muy bendecida!

Ya habían trabajado en la evangelización en pequeños grupos, y también a través de la radio, pero ese fue su primer gran evento de evangelización.

En la homilía de esa reunión yo comentaba el artículo del periódico que decía "TODAVIA LA IGLESIA NO HA DICHO NADA", y les dije a la multitud: "Pero, ¿qué va a decir la Iglesia? Lo único que puede decir es ¡Gloria a Dios, Aleluya!.  Qué más puede decir la Iglesia cuando el Señor manifiesta su gloria, como en Caná de Galilea, como leemos en San Juan 2.11: "¡Jesús manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en El!".  Así pasa en cada manifestación de la gloria del Señor: ¡la fe de los discípulos crece!

Lago di Como
En Suello, cerca del Lago di Como, teníamos un ministerio de sanación.  Como el obispo no permitía celebrar la misa fuera del templo, tuvimos una misa con unas ochocientas personas en la iglesia parroquial, y unas cuatro mil personas fuera del templo.  Habían instalado una televisión fuera de la iglesia con pantallas gigantes.

Después del ministerio de sanación, como lo hacemos habitualmente, pedí testimonios a las personas que Jesús había sanado.  Se acercaron muchas mujeres a dar testimonio y eran hermosos, pero ningún hombre venía a dar testimonio.  Entonces, después de media hora de ministerio, dije: "¿Dónde están los hombres que Jesús ha sanado? Ninguno ha venido a dar testimonio.  No es verdad que aquí Jesús ama tan sólo a las mujeres.  Según las palabras de conocimiento, hay también hombres que han recibido sanación.  Yo los invito a venir a dar testimonio".

Seguimos orando.   Más mujeres.  Ningún hombre venía.  Entonces dije: "Qué pena, aquí no vamos a tener ningún testimonio de un hombre sanado.  Sigamos orando....".

Un sordomudo

De pronto un joven de veintiún años de edad gritó.  Como dice el profeta Isaías: "La lengua del mudo lanzará gritos de júbilo" (Isaías 35.6).  Era un sordomudo que acababa de sanarse. Y fue al micrófono a gritar su alegría, con señas de que ya estaba oyendo.

Le invité a decir por el micrófono: "Jesús", y él, con dificultad pero con tonalidad clara, gritó: ¡JE-SUS!

El Señor acababa de sanar a un sordomudo que fue a dar testimonio con gozo.  Por fin un hombre fue a dar testimonio.

La misma noche, ese sordomudo que acababa de sanarse llamó por teléfono a su padre y le dijo: ¡Papá, guarito!.  ("¡Papá, estoy sanado!").

¡Qué grande es el Señor!

Extraído del libro: El Padre Emiliano nos escribe (por John Fleury) -Páginas:34-36.