El secreto del Papa: ser testigo

sertestigoAbril 1998

Cuando el Papa Juan Pablo II visitó el Canadá, en el Estadio Olímpico de Montreal, había 65,000 jóvenes.

Esos mismos jóvenes le habían escrito una carta unas semanas antes para pedirle que les dijera su secreto.  "Dénos su secreto", decía la carta.

Al comenzar la asamblea, el Papa les contestó: "NO HE VENIDO A REVELARLES UN SECRETO, HE VENIDO COMO TESTIGO DE: JESUCRISTO".

Nunca el Estadio Olímpico de Montreal había vibrado con tantos gritos de alegría, con cantos, con aplausos, con banderas blancas que volaban en el cielo como golondrinas.

Los jóvenes salieron diciendo: "¡El Papa es algo mágico!".



Hacen falta testigos en el mundo de hoy


En medio de tantas cosas materiales y de tanto ruido, nuestra generación se ha vuelto -tal vez- la generación más desesperada.

- Tenemos muchas casas pero sin el calor de un hogar.  Cuatro paredes, un piso y un televisor a color no bastan para tener un hogar.  Las familias más tristes -en muchos casos- viven en hogares lujosos.

- Tenemos mucha velocidad, pero sin dirección.  Los psicoanalistas nos dicen que sus pacientes  no encuentran sentido a su vida.  No saben de dónde vienen ni a dónde van.

- Tenemos mucha sexualidad, pero sin amor ni fidelidad.  Vemos muchos matrimonios rotos, jóvenes heridos por el divorcio.

- Tenemos mucho conocimiento, pero sin sabiduría. Hoy día un estudiante de 15 años conoce más acerca del universo físico que lo que sabían todos los antiguos filósofos.

- Tenemos mucha ciencia pero sin ética.  Hay hospitales donde los médicos luchan para conservar la vida de un paciente, mientras que -en ese mismo hospital- otros médicos destrozan un feto vivo cuyo corazón todavía está latiendo.

La soledad ha invadido nuestras familias y nuestra sociedad.  En medio de tantas cosas materiales y de tanto ruido, nuestra generación se ha vuelto la generación que más sufre de soledad.



Necesitamos una revolución espiritual y moral


¡Qué hermoso ver lo que el Señor está haciendo en esos países que han recobrado su libertad! Pero, ¿qué le va a pasar a nuestra sociedad materialista?

Necesitamos urgentemente de una revolución espiritual y moral.  Estamos llenos de "cosas materiales" buscando de una manera desesperada una falsa seguridad, y hemos olvidado que la vida vale más que la comida y el cuerpo vale más que el vestido (Mateo 6.25)


Necesitamos ser testigos como San Pablo

Claro que hace falta un encuentro personal con Jesús, un encuentro de ojos abiertos y de corazón palpitante, como lo hicieron los discípulos de Emaús.

Pero se necesita más.

Se necesitan testigos de Jesús resucitado, ¡vivo y verdadero! para predicar con el fuego, la fuerza y el poder del Espíritu Santo.  San Pablo era un testigo.  El nos exhortó a "proclamar la Palabra, insistir a tiempo y a destiempo" (2 Timoteo 4.2).

No basta la buena intención, nos hacen falta testigos, hombres y mujeres que se atrevan a salir al mundo -este mundo de soledad y desesperación- y proclamar que Jesús es el Señor, y que solamente en El está la salvación.

¿Cómo creerán en aquél a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? (Romanos 10.14).

Con el Papa le contestaremos: "no he venido a revelarles un secreto, he venido como testigo: testigo de Jesucristo".


Texto extraído del libro: "El Padre Emiliano nos escribe" (por John Fleury), Pags. 117 y 119-120.