Pasó dejando huellas sacerdotales

mariasangiovanniMaría Sangiovanni nos comparte las huellas del testimonio sacerdotal del Padre Emiliano:

Quiero compartir con ustedes como en estos últimos años, a  medida que he ido viajando y visitando algunas comunidades a las que en algún tiempo el P. Emiliano visitó, he sido profundamente edificada por las huellas sacerdotales que fue dejando y que hoy se muestran como hermosos frutos, no solo en las vidas de una gran multitud de laicos, sino también en sacerdotes, de los cuales muchas vocaciones fueron suscitadas ante el ejemplo del P. Tardif.  Recuerdo cuantas veces escuché al padre decir que quería dar preferencia a los retiros sacerdotales, por el amor que tenía a sus hermanos presbíteros y por la conciencia de que llegando a un sacerdote, a través de él, se llegaba a muchas almas.

Pastores según Su Corazón

Releyendo la Exhortación Apostólica Postsinodal "Pastores Dabo Vobis" del Papa Juan Pablo II leemos las palabras con que comienza  la introducción :«Os daré pastores según mi corazón»
(Jer 3, 15).

Con estas palabras del profeta Jeremías Dios promete a su pueblo no dejarlo nunca privado de pastores que lo congreguen y lo guíen: «Pondré al frente de ellas (o sea, de mis ovejas) Pastores que las apacienten, y nunca más estarán medrosas ni asustadas» (Jer 23, 4).

Continúa la introducción con las siguientes palabras:

"La Iglesia, Pueblo de Dios, experimenta siempre el cumplimiento de este anuncio profético y, con alegría, da continuamente gracias al Señor.  Sabe que Jesucristo mismo es el cumplimiento vivo, supremo y definitivo de la promesa de Dios: «Yo soy el buen Pastor» (Jn 10, 11). Él, «el gran Pastor de las ovejas» (Heb 13, 20), encomienda a los apóstoles y a sus sucesores el ministerio de apacentar la grey de Dios (cf. Jn 21, 15ss.; 1 Pe 5, 2).

Concretamente, sin sacerdotes la Iglesia no podría vivir aquella obediencia fundamental que se sitúa en el centro mismo de su existencia y de su misión en la historia, esto es, la obediencia al mandato de Jesús «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes» (Mt 28, 19) y «Haced esto en conmemoración mía» (Lc 22, 19; cf. 1 Cor 11, 24), o sea, el mandato de anunciar el Evangelio y de renovar cada día el sacrificio de su cuerpo entregado y de su sangre derramada por la vida del mundo.  Sabemos por la fe que la promesa del Señor no puede fallar."

Un ejemplo para imitar

Reflexionando una vez más en el ejemplo que nos ha dado con su vida el P. Emiliano, no puedo hacer otra cosa más que darle gracias a Dios que nos regaló a este "pastor según Su corazón".  Modelo de extraordinario evangelizador que realizó incontables viajes misioneros para difundir el Evangelio, acogiendo plenamente en su corazón el llamado de la Iglesia a la Nueva Evangelización de la que se convirtió en un verdadero apóstol, viajando incansablemente de región en región para anunciar el Evangelio.

Caracterizado por su evidente amor a Dios  y a la contemplación del Corazón de Cristo, por el celo del anuncio del Evangelio para la salvación de las almas, por su dedicación a la comunidad y al servicio a la Iglesia, con nuestra Señora del Sagrado Corazón como compañera del  camino, Emiliano ha sido un ejemplo de sacerdote totalmente identificado con su ministerio .

Esta entrega a su llamado sacerdotal, su estilo de vida misionero, siempre atento a las necesidades de las almas, identificado plenamente con sus necesidades, sus incansables esfuerzos apostólicos llenos de la fuerza del Espíritu Santo, produjo como fruto el que se cambiaran el corazón y la vida de muchas personas, porque fue capaz de hacerles sentir el amor personal y  misericordioso del Señor. ¡Cuánta gente agradecida de su misnisterio seguimos encontrando en el camino!

El sacerdote: un don de Dios


El padre Tardif ha sido un ejemplo que nos hace pensar en el inmenso don que son los sacerdotes para la Iglesia y para la humanidad. En su última conferencia en San Antonio de Arredondo la noche del 7 de junio de 1999,  él se refería al sacerdote y a la extraordinaria vocación a la que habían sido llamados. "De ella podría decirse que es un gran misterio: el misterio del Amor de Dios manifestado a través del servicio y del apostolado sacerdotal.  Llamados a continuar la misión de Jesús sobre la Tierra, los sacerdotes son investidos de poderes divinos, con la misión de dar la vida de la gracia, de distribuir el Pan de la Eucaristia y de ofrecer su vida para santificar el pueblo de Dios" - dijo a los sacerdotes reunidos.  El sacerdote, un hombre capaz de vivir el gran misterio de juntar su pobreza personal con el poder único de hacer presente a Jesucristo vivo, resucitado a través de la Consagración, en la Santa Misa. ¡Ciertamente un misterio insondable!

"El Santo  Cura de Ars" - nos dice SS Benedicto XVI - "era muy humilde, pero consciente de ser, como sacerdote, un inmenso don para su gente: 'Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina'. Hablaba del sacerdocio como si no fuera posible llegar a percibir toda la grandeza del don y de la tarea confiados a una criatura humana: "¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría... Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia..."

Y continúa diciendo el Santo Padre: "En la actualidad, como en los tiempos difíciles del Cura de Ars, es preciso que los sacerdotes, con su vida y obras, se distingan por un vigoroso testimonio evangélico. Pablo VI ha observado oportunamente: "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio".

Dejando huellas sacerdotales

Y fue con su testimonio de vida, que el padre Emiliano fue inspiración para muchos que hoy sirven también a la Iglesia, no solamente como laicos comprometidos sino precisamente  como presbíteros, siguiendo estas huellas sacerdotales que nos dejó Tardif.

Acabo de regresar de la Diócesis de Coatzacoalcos a donde estuve con la hermana Margarita Taveras, predicando un retiro al Ministerio de Intercesión de la RCC.

Allí ya he encontrado tres sacerdotes que narran como se sintieron inspirados para entrar a la vida sacerdotal participando en los encuentros masivos a los que asistimos con el padre Emiliano en el estadio de baseball en la década de los finales de los ochenta y luego hacia el 1992.

En esos tiempos eran jóvenes que asistían a los grupos de oración y ayudaban en el ministerio del orden. También encontré a un Diácono transitorio, que será ordenado en 6 meses, que me contaba  que asistía con su abuelita desde los 4 años a nuestros retiros.  El recuerda como, teniendo 8 años,  vió aquel día el sol "bailar" delante de los ojos de las 25 mil personas que estábamos alli junto al Obispo, Mons. Carlos Talavera reunidos.  "Es que el padre inspiró mi vocación" me comentó al igual que los tres sacerdotes, "y su vida es una gran referencia para mí en vista a mi futuro sacerdocio".

Y no sólo en Coatzas, recuerdo haber encontrado en Juárez a un sacerdote que me narró: "Sólo tenía 12 años y había ido al estadio en Chihuahua a acompañar a mi abuelita. Me la pasé jugando con los otros chicos entretenido. Cuando ya nos íbamos, él se acercó a mí de entre la multitud, y sonriéndome, mirándome fijamente a los ojos, con su mano puesta en mi hombro me dijo: ¡Tú vas a ser sacerdote! " . Años después, siendo adulto, el Señor lo llamó al ministerio que hoy con alegría vive a plenitud.

Historias como estas las hay muchas. Y es que este hombre de Dios dejó muchas huellas grabadas,  no sólo en el camino, sino en lo profundo de muchos corazones que hoy agradecidos dan gracias a Dios por su vida y por su ejemplo.